La historia comienza con un viejo que pescaba en un bote en la corriente del Golfo y hacia 84 días que no pescaba nada. En los primeros 40 días había tenido con él a un muchacho, pero después de todo ese tiempo sin pescar nada el chico lo abandona por órdenes de sus padres, porque para ellos el viejo estaba salao, que era la peor mala suerte que hubiera, por lo que el chico salía ya a pescar en otro bote con el que había tenido una mejor suerte.
Sin lugar a dudas la suerte en la pesca suele ser lo más importante, pero para el chico no era así, sentía un gran respeto y admiración por el viejo, ya que de él había aprendido todo lo que sabía de la pesca hasta ahora, pues el viejo pescador lo había acogido como su aprendiz desde que el joven tenía apenas 5 años de edad, por lo que ese día tenía que animarlo a que se sintiera bien a que le contara grandes historias del beisbol. El chico era bueno y siempre procuraba al viejo pescador, le llevaba del bar un poco de café y algo de comer, ya que él sabía que en su pobre cosa hecha de hojas de palmera no tenía más que un viejo espacio para dormir, un fogón y un cuadro de su difunta esposa, el cual ya no colgaba porque le hacía recordarla y ponerse triste. A sabiendas de que su mentor no había tenido una buena racha, este le proporciona sardinas y sebos para que en su fantástico día 85 pudiera pescar algo, que no se diera por vencido y mucho menos desanimar por lo que otros dijeran y es asi que se termina el día 84, durmiendo y con la promesa al chico de levantarlo temprano para ir al muelle, preparar todo y salir a la mar el solo a probar suerte en su día 85.
Al llegar la mañana, el viejo sale de su cosa con paso firme y va a casa del muchacho para poder despertarlo y que comience su día en el muelle, ambos caminan cuesta abajo para llegar y tomar un poco de café para entrar en calor y tener algo en el estómago, el viejo espera mientras el chico va por lo prometido, unas sardinas y carnada frescas para que la suerte este con él viejo y pueda pescar algo.
Una vez preparado todo, el joven se despide y se dirige a su embarcación y el viejo, hace lo mismo en soledad, comienza a adentrarse en el tranquilo mar, preparando sus anzuelos y carnada y todas las líneas, al paso de un rato logra pescar un bonito, un pequeño pez que es muy bueno para comer a un en crudo y que guarda para después por si acaso. El sol ya se había levantado muy en el cielo, con un brillo que cegaba por el reflejo del cristalino mar, pero que para él ya no significaba nada después de tantos años en el mar, es ahí cuando recuerda sus tiempos en el barco Tortuguero en sus años de juventud y mientras se encuentra ensimismado por sus recuerdos, una de las líneas muestra movimiento, y parece que es uno grande.
La verdadera historia comienza aquí, y ustedes tendrán que descubrir las aventuras que tendrá que pasar y averiguar si es que el mágico día 85 es tan mágico como él creía, que es lo que pasara con él, con el muchacho y como se desenlaza esta hermosa historia.
Esta historia es sin dudad una lección de vida, de superación, lealtad, amor, respeto, admiración y tenacidad. Cuenta con muchos momentos que se convierten entrañables, diálogos fáciles de comprender, un personaje con el que es fácil encariñarse, pues tiene un desarrollo paulatino, que desnuda por completo al protagonista, nos deja ver su lado humano y como la experiencia de los años nunca es en vano, que lo que bien se aprende nunca se olvida, además de muchos valores que es importante resaltar.
Para los adultos, sin duda será una historia para llorar por el sentimentalismo, realismo y empatía con el viejo pescador, para los más jóvenes y niños, una historia hermosa con un final inesperado, pero con una enseñanza de vida inigualable. Es aquí cuando nos damos cuenta porque esta historia ha trascendido por tantos años, porque es tan recomendada y una de las obras más famosas del escritor, sin duda una lectura obligada para todos y recomendada para todas las edades.
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